“Se sabe que la naturaleza es equilibrada y casi perfecta pero no es arte.
Solo los seres creativos, los artistas poseídos de algo intangible lo consiguen al interpretarla. Es el privilegio de unos pocos.
Serena Fo
rtín trabajó la madera con la tenacidad de una artesana austera y aplicada.
Los procesos son largos hasta que las formas se deciden y quedan finalmente sometidas y desnudas. Lo tosco se sublimó. Se hizo insinuación para ser rozada y despertar emociones mórbidas .
Recorriendo sus líneas podemos levitar por los silencios retenidos entre dunas del desierto. Abstracciones morfológicas que son quiebros del aire que se hacen danza o agua y cuando se acarician sus obras, la sensualidad que las invade impregna tus dedos. Es una larga travesía creativa en soledad ”. Ramón Pareja
“Si el arte participa de delicadeza, la obra de Serena Fortín es Arte. Basta ver su trabajo para percibir ese atributo solo aplicable a lo que está hecho con amor, sensibilidad y pasión.
Adjetivos sin los cuales sería imposible unir mano y herramienta para producir belleza. Destilada en forma pura, camina entre la voluntaria y caprichosa realidad.
La voluntad es el deseo de ser. El capricho, casualmente, surge de la propia naturaleza de su estructura y materia.
Se desenvuelve entre el tacto terso y límpido de la suave piel adolescente y la caprichosa, tumultuosa y rítmica luna de mareas.
Aún asi, carece de estridencia, Todo recuerda la perfección, meticulosidad y duda que requiere y encierra la creación.
Una obra contemporánea digna del mejor criterio, el mejor observador y por supuesto, el espacio correspondiente”. Carlos Jorkareli
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Serena Fortín se expresa con voz de terciopelo, con la misma suavidad que consigue para los acabados de sus piezas de madera, que son como un instante de una ola, como un soplo de brisa, o el paso de una danza, de su propia danza. Piezas que son como los versos citados, delicadas obras que están llenas de sentimientos, ebriedad, ideas, anarquía o besos. Curvas que recuerdan el paisaje de Toscana donde se formó, o como las de los arenales de las playas de Fuerteventura o los elíseos campos de las viñas de Jerez, lugares donde sus obras fueron pensadas y realizadas. Todas ellas trabajadas con infinita paciencia en un proceso primero de tallado con la gubia y alisar después, lija tras lija, hora tras hora, pacificando también así su espíritu, tan necesitado de movimiento, de cambio, pero también de calma, calma que enuncia con su nombre propio . Ramón Gonzales de la Peña